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Así afectan las quemas prescritas a la calidad del aire y a la salud de los bomberos forestales

06/04/2026
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Así afectan las quemas prescritas a la calidad del aire y a la salud de los bomberos forestales

06/04/2026

Diana Rodríguez Rodríguez, Universidad de Castilla-La Mancha; Alfonso Aranda Rubio, Universidad de Castilla-La Mancha; Beatriz Pérez Ramos, Universidad de Castilla-La Mancha y Bernabé Ballesteros Ruiz, Universidad de Castilla-La Mancha

Solemos asociar el fuego al verano, pero durante buena parte del año también se trabaja para prevenir los incendios forestales. La gestión forestal se intensifica en las estaciones frías, cuando las condiciones son más seguras para aplicar fuegos técnicos en entornos controlados. Entre estas herramientas destacan las quemas prescritas, fundamentales para reducir el exceso de combustible vegetal.

Fuego en un entorno con pastos secos y pinos
Quema prescrita en la provincia de Albacete. Diana Rodríguez, CC BY-SA

Las quemas prescritas son incendios planificados de baja intensidad, realizados fuera de la temporada de alto riesgo, en condiciones meteorológicas determinadas (ventana de prescripción) y dirigidos por personal especializado. Su objetivo es eliminar parte del combustible acumulado y prevenir la propagación de futuros incendios forestales cuando llega el calor. Diversos estudios han demostrado que las áreas tratadas con quemas prescritas presentan una menor severidad si se declara un incendio.

Además de su función preventiva contra incendios, las quemas prescritas ofrecen beneficios ecológicos como despejar suelos invadidos por vegetación no deseada para recuperar pastizales, regenerar especies vegetales y facilitar el acceso del ganado a matorrales.

Causas y agravantes de los incendios forestales

El interés de aplicar este tipo de fuego técnico se hizo evidente el pasado agosto, cuando España sufrió una de las peores olas de incendios de los últimos años, sumando mas 390 000 hectáreas entre las diferentes comunidades autónomas.

Las condiciones que contribuyeron a aquella catástrofe son claras: altas temperaturas, abundante vegetación seca (combustible) tras una primavera húmeda y vientos intensos. El resultado fue la rápida expansión del fuego por zonas rurales, espacios naturales e incluso áreas habitadas.

Los incendios forestales tienen múltiples causas, desde la gestión del territorio hasta acciones humanas accidentales o provocadas. Sin embargo, el cambio climático intensifica su frecuencia y gravedad. Las olas de calor son más extremas, los periodos de sequía se prolongan y los ecosistemas se vuelven más vulnerables. Este conjunto de factores convierte al paisaje en un polvorín.

El impacto en la salud

Más allá de los daños humanos y materiales, existe un impacto menos visible pero crucial: la degradación de la calidad del aire por el humo.

La prevención y extinción de incendios forestales es una actividad que implica riesgos significativos para la salud y la seguridad de los equipos de intervención. Aunque las quemas prescritas se realizan de forma planificada y bajo condiciones controladas, ambas situaciones, quemas prescritas e incendios forestales, generan contaminantes atmosféricos. Evidentemente, en menor cantidad en las primeras.

Uno de los mayores riesgos para los bomberos forestales es la exposición al humo, que contiene partículas y gases tóxicos. Estos contaminantes pueden provocar irritación respiratoria, mareos o fatiga, y a largo plazo favorecer problemas pulmonares o cardiovasculares.

Aunque existen equipos de protección respiratoria capaces de filtrar tanto partículas como gases, su uso prolongado no siempre es viable. El calor, el esfuerzo físico de los bomberos y la compatibilidad con otros elementos de protección hacen difícil llevarlos durante toda la operación de extinción del incendio.

¿Qué gases contiene el humo?

Una mano sostiene un dispositivo formado por un cilindro y un tubo de plástico unido a un cajetín azul
Dispositivo para medir los compuestos orgánicos volátiles emitidos. Diana Rodríguez, CC BY-SA

Para evaluar el riesgo que las quemas prescritas suponen para los bomberos, llevamos a cabo una investigación midiendo compuestos orgánicos volátiles (COVs) en dos quemas prescritas, una en Albacete (16 hectáreas) y otra en Toledo (2 hectáreas). En Castilla-La Mancha, estas prácticas son implementadas por el plan infocam.

Los COVs medidos en el humo pertenecen principalmente a tres grupos de compuestos:

  • Oxigenados, con concentraciones de 2 034 µg/m³ en Albacete y 1 663 µg/m³ en Toledo. Entre ellos destaca el ácido acético, que produce irritación de ojos y piel y daños respiratorios.

  • Aromáticos, con niveles de 388 µg/m³ en Albacete y 125 µg/m³ en Toledo. Destaca el benceno, cancerígeno y sin nivel seguro de exposición.

  • Nitrogenados, con valores de 142 µg/m³ en Albacete y 24 µg/m³ en Toledo. En este caso destaca el acetonitrilo, que causa irritación de vías respiratorias y síntomas como náuseas o mareos.

Como era de esperar, las concentraciones fueron más elevadas en la quema prescrita de mayor superficie, en Albacete. En un incendio real, estas concentraciones serían considerablemente más altas y peligrosas, tanto para los equipos de extinción como para la población expuesta al humo.

Incluso el fuego controlado reduce la calidad del aire

Las quemas prescritas son una herramienta imprescindible para reducir el riesgo de incendios forestales cada vez más intensos. Aun así, incluso el fuego controlado deteriora la calidad del aire y expone a los servicios de extinción a contaminantes que no siempre pueden evitar por completo, ya que los equipos de protección respiratoria son difíciles de utilizar en condiciones reales de trabajo.

Por eso, además de mejorar la protección disponible, es fundamental apostar por una gestión forestal que reduzca la carga de combustible y haga los paisajes más resilientes. Solo así podremos disminuir los riesgos para los ecosistemas y para las personas que trabajan en su defensa. Esto incluye, además de quemas prescritas, actuaciones como aclarar y desbrozar la vegetación (tratamientos selvícolas), usar ganado para reducir matorral (pastoreo dirigido) y crear paisajes más variados y menos continuos (paisajes en mosaico).


Este artículo ha sido elaborado en colaboración con Marta Cuerva del Álamo, contratada a cargo del Programa Investigo.The Conversation


Diana Rodríguez Rodríguez, Profesora Titular de Universidad, Universidad de Castilla-La Mancha; Alfonso Aranda Rubio, Profesor de Química-Física, Universidad de Castilla-La Mancha; Beatriz Pérez Ramos, Profesora Titular de Universidad, Universidad de Castilla-La Mancha y Bernabé Ballesteros Ruiz, Profesor de Química Física, Universidad de Castilla-La Mancha

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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